Argentina sufre para vencer en la prórroga 3-1 a Suiza; se medirá a Inglaterra en semifinales del Mundial
La Jornada.-A Lionel Messi la presión no lo detiene. Cualquier otro jugador mediría el tiempo para que el partido se termine rápido, pero él prefiere recorrer un camino más largo para mejorar lo que hizo antes.
Con Cabo Verde y Egipto se cerraba algo que iba más allá de la Copa del Mundo. Era el final de una época, aquella que millones de argentinos mirarán atrás cuando ya no esté su capitán. Pero Argentina sigue dispuesta a luchar para que el último acto del 10 no termine. En los cuartos de final ante Suiza, en Kansas City, una asistencia de Messi, un remate al ángulo de Julián Álvarez y el último golpe de Lautaro Martínez sentenciaron la serie en el tiempo extra (3-1). Ahora, en las semifinales del próximo miércoles, enfrentará a Inglaterra.
La Albiceleste es una suma de individualidades con espíritu colectivo. El técnico Lionel Scaloni ha consolidado las bases de este grupo, definido por mitad talento y mitad sacrificio por encima del resultado. Messi y Scaloni lloraron tras el triunfo frente a los Faraones; no por ser algo sencillo, sino porque no habían conseguido una hazaña parecida: verse abajo, derrotados, y volver de una virtual eliminación en menos de 11 minutos.
Desde entonces, se ha empezado a respirar un clima como el de Qatar 2022, edición en la que miles de personas celebraron su primer campeonato del mundo desde 1986. El desafío era que volviera a aparecer ese mismo nivel de juego y Suiza lo evitó por momentos, pero no tuvo contundencia.
Después de rendir honores con un minuto de silencio por Jayden Adams -jugador sudafricano que falleció luego de participar en la Copa-, Messi envió un centro a primer poste dejó a Alexis Mac Allister sin marca para hacer el 1-0 de cabeza (10). Suiza intentó reaccionar, primero con avances de Granit Xhaka desde el medio campo y luego mediante triangulaciones de Djibril Sow,
Breel Embolo y Dan Ndoye. Emiliano Dibu Martínez atajó al menos tres remates con dirección de gol, pero, en el siguiente, Ndoye lo superó con un remate que pasó entre sus piernas (67). Los europeos fueron mejores en el segundo tiempo, más incisivos y peligrosos en la circulación de la pelota. Sin embargo, otra vez una decisión arbitral facilitó la reacción de la vigente monarca del torneo.
Embolo simuló una falta de Leandro Paredes y, aunque el árbitro portugués Joao Pinheiro había caído en el engaño, el llamado del VAR -operado por el mexicano Guillermo Pacheco- expuso la trampa y el atacante suizo acumuló su segunda tarjeta amarilla, por lo que fue expulsado. Con 20 minutos por delante, Argentina se encomendó a Messi una y otra vez. Y no fue sino Julián Álvarez, ya en los tiempos extra, quien destrabó la serie con un disparo al ángulo desde fuera del área (112) que dejó a Gregor Kobel fuera del alcance. Pese a vender cara la derrota, los suizos se desdibujaron y permitieron el 3-1 de Lautaro Martínez (120+1), ayudado por un rebote de Kobel, ya cerca del silbatazo final.
Una vieja rivalidad
Pocas rivalidades en el deporte mundial trascienden el terreno de juego con la intensidad, el drama y la carga geopolítica que acompaña a un Argentina-Inglaterra en la Copa del Mundo. Lo que comenzó como un cruce estrictamente futbolístico se convirtió, con el paso de las décadas, en un choque cargado de orgullo nacional, cuentas pendientes y capítulos imborrables en la historia del futbol.
Si bien se han jugado varios partidos, el del Mundial de México 1986 se volvió leyenda. Apenas cuatro años antes, ambas naciones se habían enfrentado en el conflicto bélico de las Islas Malvinas. Los futbolistas intentaron distanciarse de la política, pero la atmósfera colectiva de los cuartos de final estuvo impregnada por el dolor y el fervor patriótico. En ese contexto, Diego Armando Maradona esculpió su obra cumbre: marcó La Mano de Dios, anticipándose al arquero Peter Shilton con el puño sin que el árbitro lo viera, y luego El Gol del Siglo, una acción en la que dejó en el camino a cinco elementos ingleses, además del guardameta.
Aquel 2-1 final no sólo catapultó a la Albiceleste hacia el título, sino que transformó el duelo en un símbolo cultural frente a la adversidad histórica. En Chile 1962 e Inglaterra 1966, Inglaterra dominó a los argentinos (3-1 y 1-0, respectivamente). Años más tarde, en Franca 1998, la actual campeona del mundo avanzó en los octavos de final vía penales (4-3, 2-2 en los 90 minutos) y los Tres Leones cobraron venganza en Corea-Japón 2002 al imponerse 1-0 en la fase de grupos.
El presidente de la Asociación del Futbol Argentino, Claudio Tapia, investigado por el FBI, miró el partido desde un palco del Estadio de Kansas City.